El lenguaje es el principal conducto de la dinámica social; más aún en la moderna , donde la tecnología impone una comunicación a través de mensajes políticos vertiginosos y condensados. Hay dos miradas extremas, casualmente de suizos separados por siglos : en el Renacimiento, Paracelso sostuvo que al pronunciar una palabra se toca la esencia de la cosa mentada, lo más cercano a la cábala y el hermetismo; en el extremo opuesto, ya en nuestros tiempos, Saussure afirmó la arbitrariedad del signo lingüístico: las palabras no tienen relación natural con las cosas que designan. En el medio, Deleuze argumentó que el lenguaje es creador de realidad: lo dicho lleva al hecho, lo provoca. Es esta interpretación la que mejor explica el valor del lenguaje en el ejercicio del poder, su carácter de institución vertebradora del sistema. La globalización hoy es tan política como comercial . Es por eso que en el mundo se aprecian modos comunes de comunicación en la vida pública, caracterizados por la violencia lingüística. Sea por su efectismo en el mensaje, sea por falta de recursos, lo cierto es que imponen un estilo que no está exento de consecuencias: la mayor, la creación de una realidad polar