OpenAI nace en 2015 con las mejores intenciones, impulsada por Altman, quien estimula a Musk con la creación de una organización sin ánimo de lucro para generar una IA benévola y contrarrestar así el impulso que en ese momento exhibía DeepMind, el modelo de Google No han faltado artículos y reseñas sobre la serie Succession que señalaran su vínculo con la tragedia shakespeariana, principalmente El rey Lear , en la que está en juego la herencia de las tierras del reino entre sus hijas y sus maridos. La misma relación se puede establecer con los usos y costumbres del poder en Silicon Valley, aunque el adjetivo no surge esta vez desde un medio sino desde el mismo corazón del sistema: la competencia entre las empresas del sector de la IA es shakespeariana, dijo , un alto ejecutivo de OpenAI y lo dejó claro: “Las reglas normales del juego ya no se aplican”. El juicio que acaba de comenzar en Estados Unidos en el cual Elon Musk demanda a Sam Altman, director general de OpenAI, está demostrando que ese adjetivo se ajusta a la realidad. El propietario de SpaceX acusa a Altman de enriquecerse convirtiendo una organización sin fines de lucro en una empresa que persigue solo los beneficios. Tanto uno como el otro exponen en el tribunal un juego psicótico con el único matiz de que a Musk, como ha demostrado en su paso por la Casa Blanca, poco le importa ocultarlo; por el contrario, lo deja al desnudo, como muchos personajes del bardo inglés.