Un luthier griego reúne en España a artesanos, historiadores y escultores para determinar si los artistas del románico y del gótico retrataban con fidelidad objetos de la vida cotidiana, o las imágenes que creaban en los templos solo eran simbólicas Recorrer un templo como lo hacían los monjes hace un milenio, otra forma de explicar (y entender) el románico Quienes visitan la Colegiata de Toro, en Zamora, suelen pararse a contemplar los detalles de sus portadas, un conjunto escultórico excepcional de los siglos XII y XIII, cuando el primer gótico recogía el testigo del último románico. Entre las figuras más llamativas aparecen una serie de personajes —los 24 ancianos que describe el Apocalipsis de la Biblia— tocando instrumentos musicales como violas, flautas o tambores. Al observarlos, lo habitual es pensar que así eran exactamente los objetos que se utilizaban en la Edad Media para hacer música, creer que los canteros los habían copiado, literalmente.