La extrema derecha tiene una estrategia para ganarse a los más jóvenes, y le está saliendo bien, a la vista de las encuestas. Pero si la ultraderecha logra politizar el miedo, la frustración y la rabia de los más jóvenes, es porque en efecto hay miedo, frustración y rabia, no todo es la natural rebeldía juvenil Me cuenta una de mis hijas que cierto partido de ultraderecha, de cuyo nombre no quiero acordarme, andaba el otro día en las cercanías de su instituto repartiendo pulseras a los estudiantes (casi todos menores de edad) cuando entraban a clase. Pulseras con su color corporativo y sus lemas habituales más un toque rojigualda, que ofrecían a los adolescentes animándoles a “limpiar España”. Y por supuesto, algunos se las colocan para exhibirlas en clase, aunque solo sea para molestar a los profesores de ideas progresistas, pues la ultraderecha es la rebeldía para una generación despistadísima e intoxicada, pero también asustada y frustrada. Como me ha salido un arranque de artículo que suena a invent de manual (“Me cuenta una de mis hijas que..”), he buscado otros casos similares