Su omnipresencia se debe a una conjunción de factores industriales, históricos, de ingeniería, fiscalidad y estrategia comercial, sobre los que planean las virtudes del ‘buen término medio’ La coincidencia resulta llamativa y tal vez sospechosa si nos ponemos conspirativos. Cambia la marca, cambia el diseño, cambia el tamaño del vehículo e incluso cambia la tecnología de electrificación, pero bajo el capó de cada coche chino que recala en España -y no sea 100% eléctrico- encontramos casi siempre lo mismo: un motor de gasolina de cuatro cilindros y 1,5 litros, acompañado frecuentemente de un turbocompresor. Como es lógico, no se trata de un hecho casual, sino vinculado a razones de ingeniería, costes industriales, fiscalidad y estrategia comercial que nos proponemos explorar.