Era tema de conversación casi obligada entre muchos vecinos de barrios populosos, con serias dificultades para hallar un espacio de estacionamiento en las calles de la ciudad de Buenos Aires. Cada vez se registraban más y más lugares reservados para personas con discapacidad. La duda, claro está, nada tenía que ver con la necesidad de que una persona en esas condiciones cuente con un espacio reservado debidamente, pero llamaba poderosamente la atención la enorme cantidad de “cajones” señalados en amarillo en el asfalto, acompañados de postes indicadores con el número de la patente del automóvil autorizado. Llegaron a detectarse hasta cuatro de esos espacios por cuadra. Tras una auditoría realizada por el gobierno porteño se decidió anular casi 300 de esos espacios de uso público. El análisis de los datos oficiales revela cifras tan curiosas como preocupantes: el 76% de esos permisos estaban vencidos, el 11% de los titulares había fallecidos y el 13% restante eran falsos o no se contaba con registro de su existencia. No estaba desacertada, entonces, la sospecha de los vecinos. El espacio público, una vez más, estaba siendo usufructuado por vivillos a los que, también hay que decirlo
30d signal volume
By Threat Layer
Top Signals
View all signals →Trabajadoras en Logroño hablan de acoso sexual, insultos y racismo. El Ayuntamiento de Logroño, último responsable del servicio, asegura que está vigilante por la buena marcha del mismo El Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) nace como un pilar del sistema de bienestar, diseñado para garantizar la autonomía de personas dependientes en su propio hogar. Un servicio que abarca un conjunto de prestaciones sociales dirigidas a personas mayores, con discapacidad o en situación de dependencia que, por sus circunstancias personales, ven dificultada la realización de las tareas básicas de la vida diaria y necesitan apoyo para mantener su autonomía e independencia personal en su entorno habitual, que es el domicilio. Es la definición de servicio de ayuda a domicilio, porque en Logroño, la realidad que atraviesan las trabajadoras dista mucho de la teoría. Y es que tras la fachada de una labor social indispensable, se esconde un sector cien por cien feminizado que lucha contra la precariedad laboral, el intrusismo de tareas y una desprotección alarmante frente a los abusos de los usuarios y la falta de supervisión empr