Algún día se acabará la creencia en la eficiencia de los juicios, inspirada en nuestros sistemas, por cierto, por los jurados ingleses de hace unos dos siglos –cuando fueron copiados en Francia– y, desde luego, por la cinematografía Pese a que las informaciones periodísticas sobre la marcha de procesos judiciales acostumbran a servir muy eficazmente para linchar mediáticamente a cualquier ciudadano, los procesos penales no sirven para ese fin, aunque no pocas veces son su instrumento. Con independencia de cuál sea la realidad de las imputaciones y, todavía más importante, el resultado final recogido en la sentencia, es enorme el daño que la sola noticia de la celebración del proceso causa en la imagen de una persona y en su patrimonio, no solo porque los procesos cuesten dinero, sino porque el daño reputacional que posee verse inmerso a la luz pública ante un tribunal, repercute decisivamente en las posibilidades profesionales de una persona. Desde luego, las cosas serían bastante diferentes si los procesos se celebraran de manera mucho más rápida, pues menor sería la exposición mediática, aunque ello sería negativo, sin duda, para los medios, que no podrían estirar tanto tiempo algo que, visto con cierta perspectiva, tal vez no sea realmente tan noticiable.