Molly temblaba, pero de emoción. En su silla de ruedas, vistiendo la camiseta de la Selección Colombia y la sudadera roja del Valle del Cauca, departamento donde nació, la niña no paraba de sonreír mientras observaba detenidamente a James Rodríguez. Luego, de una bolsita negra que llevaba en sus manos, la menor sacó una manilla con los colores amarillo, azul y rojo y se la entregó, en plena concentración del combinado patrio en México, al capitán de la Tricolor.