Representan las dos caras de vida. Uno tiene el ímpetu y la energía de la juventud; el otro la calma, el “ timing”, la sabiduría, que solo otorgan los años. El primero, que apenas tiene 38 años, puede pasar casi todos los 100 minutos que duran los partidos del primer Mundial en el que dirige estando de pie y dando indicaciones enérgicas.