Madrid ha cambiado mucho en los últimos cinco años, por la vía de dejar que el capital y el espectáculo arrolle a lo humano que no puede permitirse un tardeo diario en la calle Ponzano. Pero en lo que no ha cambiado es en su incapacidad para votar a alguien con un mínimo sentido del gusto y la trascendencia La visita del Papa a España ha servido para recordarnos lo felices que estamos encastillados en nuestras creencias, que nos hemos vuelto bastante insensibles a las desgracias de otros seres humanos, que en este país cambiar de opinión es un pecado capital y que vuelve la rivalidad entre Barcelona y Madrid. Madrid se comportó como lo que es gracias a la acción sostenida del PP durante los últimos 30 años y, especialmente, a la de su baronesa actual, empeñada en vivir en un Miami hecho a su imagen y semejanza, un Miami un poco hortera cuya esencia se resume en una conocida marca de cerveza con h intercalada.