Con megáfonos, arengas y pancartas subieron por ese laberinto de escaleras de cemento que es Granizal, con sus calles empolvadas, tanques vacíos y casas de ladrillo que trepan la ladera sin permiso de nadie. Entre todos resalta Fernando*, quien sube el camino en muletas. Hace un mes llegó desplazado desde el Chocó, donde una mina antipersonal le arrancó un pie.