Cuando hoy, a las 14.30 (hora argentina), comience la ceremonia inaugural del Mundial de Fútbol en el Estadio Azteca, de la ciudad de México (habrá otras dos en Toronto mañana, a las 14.30 y en Los Ángeles, a las 20.30), se pondrá, una vez más, en marcha la mayor maquinaria de sublimación planetaria de la guerra. Pero en vez de balas habrá goles. En vez de gritos y lágrimas de dolor, los habrá de alegría, aunque también de aflicción para los que les toque perder.