La gallina ahumada se deshacía en la boca; la suavidad de la carne se abría sobre la lengua trayendo los recuerdos de un hombre que vuelve a la belleza primaria de la sazón de la candela. Luego apareció un envuelto de mote con chicharrón, me recordó en algo a los chiquichoques que venden en la plaza de mercado de Riosucio. La comida es una alegría —o un infortunio— de asociaciones.