No hubo lógica que explicara lo que sucedió ese septiembre de 2018. Cruzaba apurado la plaza Del Ángel Gris (antes Plaza Aramburu), en el límite entre Caballito y Flores, para dejar al próximo perro del grupo que paseaba en ese horario cuando un guardaparque lo interrumpió con un aviso. Una mujer acababa de meter a un perrito negro en el canil para evitar que lo atropellara un auto sobre la ruidosa avenida Avellaneda.