Aparte de su estrategia trumpista para rechazar cualquier resultado electoral que no sea su victoria en las próximas generales, derecha y ultraderecha temen que se incorporen al censo electoral unos españoles poco españoles, menos españoles o malos españoles: es decir, que no les voten El nacionalismo español (que existe, aunque apenas se le nombre y parezca que solo hay nacionalismos periféricos) ha manejado desde siempre una idea muy restringida de lo que es ser español: nacido en España, blanco (hasta que viajas por Europa y descubres que no eres tan “blanco”), castellanohablante, católico, heterosexual. Cada una de esas categorías ha implicado violencia a lo largo de nuestra historia, desde las persecuciones religiosas y expulsiones de siglos atrás, a las más recientes conquistas de libertades y derechos sociales que la derecha ha rechazado y retrasado y recurrido a los tribunales, pasando por la imposición de un relato histórico nacionalcatólico (que dejaba fuera a los españoles musulmanes y judíos, tan españoles como los cristianos) y castellanocéntrico (contra los otros nacionalismos peninsulares), además de la xenofobia contra los migrantes. Esa visión estrecha y restringida de lo que es ser español-español, incluye por supuesto ser de derechas.