La foto se podría haber tomado en cualquier rincón de Buenos Aires. Niños que viven, a su modo, el Mundial que late en todos lados. Niños que aman a Messi, que reverencian al Barcelona, que saben que el mejor regalo es alguna de esas remeras que ven, por estos días y cada día del año, encarnadas en esa suerte de héroes, estrellas pop y carne de mito que son los jugadores de fútbol.