SEÑOR DIRECTOR: Vivir en sociedad exige respeto mutuo; transgredirlo es vulnerar el contrato social que nos hemos dado. Lamentablemente, hemos naturalizado conductas que atentan contra la convivencia, justificándolas erróneamente como formas de manifestación o como consecuencias de la violencia estructural. Más allá de si las llamamos “incivilidades” o les damos otro nombre, no podemos seguir tolerándolas.