Un buen día, Fanny llegó al psicólogo con la camiseta del Sindicato de Inquilinas y la terapeuta le preguntó qué pasaba. Llevaba años visitándola y, con problemas con su hijo adolescente y un cáncer de mama, ni siquiera se había preguntado si su situación con la vivienda le afectaba a la salud mental. Bastante tenía con lo otro.