Recién jubilado, quiere convertir el astillero familiar, en Cabana de Bergantiños, en un aula para divulgar la profesión que ama, en riesgo de desaparición por la falta de relevo generacional “Yo aprendí aquí. Me salieron los dientes en el astillero, molestando a los carpinteros”. Con Martín Senande Vázquez se cierra una dinastía.