Desde mediodía del domingo, la avenida Oriental dejó de ser una vía de tráfico y se convirtió en un espacio de f iesta para la diversidad sexual . Figuras sobre zancos, vestidas con faldas escalonadas en rojo, verde y naranja, tocados de colores apilados hasta el cielo y guantes blancos, se alzaban por encima de la multitud como si quisieran tocar las ventanas de los edificios. Detrás, una bandera de arcoíris tan grande como una pared ondeaba sin viento, sostenida por manos que no se veían desde abajo.