¡Po-che-tti-no, Po-che-tti-no! En Seattle, mientras Estados Unidos le ganaba a Australia y se aseguraba un lugar en los dieciseisavos de final, la tribuna empezó a corear con acento gringo un nombre que no era el de ningún jugador, sino del técnico argentino que dirige a los locales. No es el primer mundial en que hay argentinos dirigiendo selecciones ajenas , pero esta vez son más.