La propuesta del gobierno británico de prohibir las redes sociales a menores de 16 años no ha encontrado respaldo ni en las grandes tecnológicas ni en las organizaciones de protección infantil. Las reacciones, lejos de dividirse en bandos previsibles, coinciden en que prohibir el acceso no hace más seguros a los adolescentes, simplemente los desplaza hacia espacios sin ningún tipo de control. YouTube fue una de las primeras en reaccionar.