Al inicio, olía a polvo y escombros. Hoy, casi una semana después de los terremotos de 7.1 y 7.5 que se originaron en las costas venezolanas, los ciudadanos y rescatistas hablan de “olor a muerte”: hay quienes esperaron, bajo los escombros, una mano amiga durante más de 60 horas. Unos aguantaron, pero 1.719 personas murieron tras el desastre.