González no se fue, pese a que su vicepresidente y uno de sus ministros tuvieron que dimitir tras ser imputados; Aznar da lecciones de ética 24/7, aunque tres cuartas partes de los miembros de su gobierno fueron acusados, imputados, condenados o llamados a declarar en alguna trama corrupta; Rajoy padece amnesia, pero tiene a su ministro de Interior en el banquillo por un caso de corrupción de Estado de libro, pero el que tiene que irse “por decencia”, dicen, es Sánchez El 10 de septiembre de 1995 Jordi Pujol se plantó en La Moncloa para expresar a Felipe González la firme convicción de la dirección de su partido, Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), de que no apoyaría los Presupuestos Generales del Estado y que lo mejor para los intereses generales era que los españoles votaran. Escenificaba así la ruptura formal de su apoyo al Gobierno, tras dos años de alianza política. España vivía una profunda crisis política provocada por múltiples escándalos de corrupción que acorralaban al gobierno.