Australia y Chile tienen ciertas cosas en común. Ambos son países jóvenes y alejados de los centros neurálgicos del desarrollo, con matrices productivas similares, ancladas en recursos naturales y de servicios. Es cierto que la isla continente tiene un contexto institucional diferente al nuestro; sin embargo, mientras Australia mira al futuro, Chile tiene la tendencia a quedarse en su pasado, lo que muchas veces nos impide avanzar y aprovechar todas nuestras capacidades.