Acabo de terminar el libro “El Loco de Dios en el fin del mundo”, de Javier Cercas (ateo declarado, y no arrepentido), sobre el Papa Francisco (Jorge Bergoglio) y su viaje misionero a Mongolia, país donde no hay más de 1.700 católicos, y el resto son básicamente budistas. En mi lento y atropellado regreso al catolicismo (habiendo vivido el drama de la muerte y el misterio del amor) este libro me dejó lleno de esperanza sobre el devenir de la Iglesia Católica, y sobre uno de sus más importantes dogmas: la resurrección de los muertos y la vida eterna. “Es una certeza indudable”, le dijo Bergoglio al autor, y creo que lo dejó dudando.