Al principio, la permanente mirada para abajo y las respuestas casi monosilábicas al periodismo podían resultar llamativas y hasta divertidas. Un mundial de fútbol es una colosal vidriera planetaria que la mayoría de sus protagonistas quieren explotar al máximo. El show de narcisismos está a la orden del día y todos hacen esfuerzos supremos por hacerse notar.