Para espectadores y futbolistas, el Mundial de Fútbol es tiempo de alegrías y frustraciones, de fraternidad conmovedora y enemistades sin retorno. Es, asimismo, temporada alta para ciertas prácticas non sanctas que, aunque menos publicitadas, son tan antiguas como la humanidad misma: magia negra, hechizos, macumbas y toda clase de ritos ocultistas destinados a torcer el destino de un partido poco auspicioso. Una de las regiones donde este fenómeno está más extendido es el África subsahariana, donde estudios realizados por Pew y Gallup a comienzos de este siglo estimaron que alrededor del 75% de la población cree en la brujería.