La mañana siguiente al partido contra Uruguay, lo imaginé aliviado y feliz y llamé a casa para preguntarle si había aguantado despierto. Su respuesta fue que aguantó porque temía que si se quedaba dormido algún jugador charrúa le hubiese dado también a él una patada El niño del gueto llora (y marca) en el Mundial Esperar hasta las dos de la mañana para ver un partido de fútbol no es algo que se encuentre entre mis costumbres. La última vez que me animé a un plan semejante fue para ver un partido de baloncesto y una vez empezó pasé más minutos dormido que pendiente de lo que sucedía en la cancha; menos mal que desperté a tiempo para ver a Pau Gasol convertirse en el primer español en ganar la NBA.