Arqueología e historia - Los investigadores localizaron señales grabadas en un templo y plantearon que pudieron servir para proteger a los vecinos frente a peligros temidos La fiebre de un niño podía cambiar la paz de una aldea cuando nadie encontraba una causa capaz de explicar el deterioro. Esa enfermedad no se veía como un fallo del cuerpo, sino como la señal de que alguna fuerza dañina actuaba cerca y alteraba la vida diaria. Para muchos aldeanos de hace cientos de años, lo maligno no era solo una figura con nombre propio, sino aquello que estropeaba la cosecha, enfermaba a los animales, rompía la convivencia o convertía una desgracia en sospecha.