Para muchos periodistas en Honduras es muy fácil pedir «machaca», como popularmente se le llama al soborno en el gremio. Tan fácil que hace unas semanas vimos con incredulidad y pena ajena cómo, durante una ronda de preguntas al presidente Nasry Asfura, una periodista interrumpió, alzó la voz y pidió públicamente que los «incentivara» «para seguirle apoyando». Una vergüenza descomunal que no se aleja de la realidad cotidiana de este oficio en el país.