Todo empezó en el auto, durante un viaje, como juego; una forma de entretener a los nietos –entonces de entre 5 y 8 años– durante un trayecto de más de 500 kilómetros. “Les voy a hacer preguntas de muy distintos temas”, anunció Tato, el abuelo. Podía ser el nombre del Presidente o de un futbolista, la provincia más chica de la Argentina, qué países liberó San Martín, por qué algunas aceitunas son verdes y otras negras, el significado de las señales viales, cuántos días tiene febrero… Los chicos, divertidísimos, no paraban de disparar respuestas, con total desparpajo y suerte variada.