Por Álvaro Molina @molinacocinero Nunca olvidaré las procesiones de semana santa en Popayán, adonde me llevaron chiquito dos veces. Se me quedaron grabadas las iglesias frías y sombrías, el olor a romero del incienso, los devotos murmurando oraciones mientras recorrían tristes las calles empedradas de la ciudad blanca cargando imágenes con velos morados. Recuerdo las noches largas y silenciosas en el hotel Monasterio donde tenía que dormir con la luz prendida.