La decisión de retirar la tarjeta roja mostrada al jugador Folarin Balogun en el partido entre los Estados Unidos y Bosnia y Herzegovina tras una dura falta sobre Tarik Muharemovic tenía como consecuencia de manera inequívoca la suspensión automática para el siguiente partido. Bastó una conversación telefónica entre Donald Trump y el presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), Gianni Infantino, para que indisimulada y groseramente, por aplicación del artículo 27 del código de la FIFA, se le devolviera al jugador norteamericano la posibilidad de jugar el trascendente partido de octavos de final con el seleccionado de Bélgica , disputado anoche. La reacción de Trump en sus redes sociales, agradeciendo a la FIFA por “ revertir una gran injusticia ” confirma lo que todo el mundo sospecha: la mala política cumple un rol determinante en las decisiones que se adoptan desde el principal organizador del Mundial de fútbol.