Por Álvaro Molina Tengo amigos queridos, particulares, extravagantes, brillantes y locos, pero solo uno que es todo lo anterior junto. Una mezcla de derviche, saltimbanqui y encantador de serpientes con cola de caballo y look de ilusionista bolchevique de la aristocracia petersburguesa. Nos vemos poco, pero nos pasa como con los amigos del colegio que no nos tenemos que ver casi nunca para reencontrarnos con un abrazo, como si no hubiera pasado el tiempo.