Como muchos de nosotros, agotados en este final de junio y esperando el verano, así anda también el Gobierno en su peor final de curso. Han ido salvando una semana tras otra mal que bien, trastabillando sin llegar a caer del todo, arrastrados por el barro y mordiendo el polvo, pero llegan vivos No sé tú, pero yo no puedo más: el final de curso se me hace interminable, cuesta arriba, trabajos por entregar, asuntos sin cerrar, plazos que vencen, avances del próximo curso, la lista de “tareas pendientes” que nunca se acaba, correo atrasado por contestar, y las fuerzas ya escasas tras un curso intenso en todos los frentes. Y no estoy solo en mi cansancio de junio: vivo rodeado de gente exhausta que llega a finales de junio dando las últimas boqueadas; desde mis hijas estudiantes hasta mi madre jubilada, pasando por los muchos amigos que coinciden en la misma respuesta cuando les pregunto cómo están: agotados.