La casona de 1890, con fachada roja y blanca, está escondida entre el verde de los árboles y la calma de Los Cardales. Al tocar el timbre y traspasar la puerta de Chizza, el tiempo parece desacelerarse aún más. Te reciben paredes centenarias, una cava con más de cinco mil botellas de vino y una cálida familia que hace casi dos décadas está detrás de uno de los secretos mejor guardados de la provincia de Buenos Aires.