En su desesperado intento por habitar La Moncloa, Feijóo se desgañita con un devastador y nocivo discurso contra vivos y muertos. Alguien debería recordarle que el volumen no valida argumentos, que el tono elevado refleja la falta de ideas y que el insulto es síntoma de frustración, no de superioridad moral o intelectual. Hay cosas que no se limpian ni con el fuego de San Juan.