El mundo que amas se revela en un momento inesperado de cualquier escena cotidiana. En noviembre de 2025 fui a Capácuaro, una localidad de Michoacán, en Mexico, para compartir con Azucena —amiga purépecha—, y su familia, el regreso de su mamá Dominga para el primer día de muertos, después de haber fallecido ese mismo año. Estuve en la cocina casi todo el tiempo junto a la parangua (el fogón), nixtamalizando maíz, desvenando chile, moliendo cilantro, cebollas, ajos, tomatillos y jitomates; bebiendo atole de guayaba y comiendo quesadillas recién hechas; estuve rodeada de mujeres sabias, guerreras encantadoras que compartieron la intimidad de su cocina: limpiar las hojas y el capacho de maíz para las corundas y los nacatamales; guisar salsas y desenhebrar carne.