En el campo de la movilidad, la transición hacia los modelos de cero emisiones está llena de situaciones nuevas que resultan con frecuencia más sencillas, y gratas, de lo esperado Las primeras veces, en cualquier ámbito de la vida, suelen marcar un antes y un después. La primera vez que se conduce, la primera vez que se hace un viaje largo en solitario o incluso la primera vez que se cambia de tecnología representan en general un punto de inflexión en nuestra experiencia vital. En el ámbito de la movilidad, la transición hacia el vehículo eléctrico está llena de esas primeras veces que, lejos de ser complejas, resultan con frecuencia más sencillas de lo que se esperaba. Quien se pone al volante de un coche eléctrico por primera vez suele observar algo inmediato: el silencio. No hay vibraciones, no hay ruido de motor al arrancar, solo una sensación de fluidez. Este silencio no es únicamente una cuestión de confort; también transforma la experiencia de conducción en entornos urbanos, donde la reducción del ruido contribuye a mejorar la calidad ambiental. Es una de es