SEÑOR DIRECTOR: La falsificación de información para acceder a la gratuidad en educación no puede tratarse como un detalle menor, un truco inocente ni una “trampa” justificable. Es un abuso del sistema, pero también de quienes realmente necesitan estos apoyos, de los recursos públicos escasos y del propio sentido de justicia. Más inquietante aún es el rol de ciertos “expertos” que, sin serlo, se posicionan como facilitadores del engaño, enseñando a ocultar datos, minimizar ingresos o fabricar relatos para aparentar vulnerabilidad.