En vísperas del 9 de mayo, la fecha más simbólica para la narrativa política rusa, el Kremlin vuelve a demostrar que sigue apostando por la intimidación y la escalada como herramientas centrales de su estrategia en guerra contra Ucrania. Esta semana, la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, amenazó con ataques contra “centros de toma de decisiones” en Kiev si Ucrania intenta afectar las celebraciones del Día de la Victoria en Moscú. El mensaje refleja algo más profundo: Rusia intenta proteger el principal ritual político de Vladimir Putin en un momento en que la guerra ya no parece tan lejana para la sociedad rusa.
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